Extienda 1ero la mano de reconciliación

Lo que más escuchaba cuando estaba pequeño era: “Discúlpate primero”, pero eso es lo que más me cuesta hacer ahora que soy grande. De niño me felicitaban cuando me disculpaba, pero ahora me siento patético y abatido cuando lo hago. En la actualidad, si pensamos: ‘¿Por qué tengo que pedir perdón primero si no fui el único que se equivocó?’, solo dificultamos la reconciliación y hacemos que crezca una relación incómoda. Kim Mi-kyung, CEO de Art Speech & Communications, sostuvo: “A no ser que vayamos a vivir solos para siempre, las relaciones son necesarias y las disculpas también para preservar los vínculos. Entonces, ¿quién puede extender primero la mano reconciliadora? El que tiene una buena autoestima es quien puede hacerlo y pedir perdón”.

Jesús nos ordenó: “Perdonen, amen y sirvan primero”. No obstante, a pesar de que lo sabemos con la mente, con el corazón nos preguntamos: ‘¿Cómo Jesús puede decirme eso? Ni que yo estuviera desesperado. Si hago eso, quedo como un tonto…’. Pero detrás
de lo que nos ordena Jesús, se encuentra nuestra autoestima. Sin embargo, esta autoestima es diferente a la que se refiere el mundo.

Es una autoestima que solo puede gozar quien pone su identidad en el amor de Dios. Quien pone su identidad en la gracia del Señor, no se siente humillado al pedir perdón primero porque tiene a Dios, quien le extendió la mano de la reconciliación y porque sabe qué tipo de perdón y amor recibió.

Preguntas frecuentes, Cho Jae-wook

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