El paso de fe en obediencia a la Palabra

La increíble bendición y el secreto del cristianismo es que Dios habla por medio de las personas, pero muchas veces lo pasamos por alto pensando que son palabras de hombres. En ocasiones, omitimos lo que el Señor quiere decirnos, pensando: ‘¿Por qué fue tan desagradable el sermón de hoy?’. Sin embargo, lo que Dios realmente quiere decirnos a cada uno de nosotros no es ni una milésima parte de lo que se enseñó en el sermón. Por lo tanto, cuando escuchamos la Palabra de Dios tenemos que orar: ‘Dios, dame sabiduría para comprender lo que quieres decirme porque me falta mucho’.

Temer a Dios consiste en obedecer lo que escuchamos de Su Palabra, ceñida a las Escrituras. En vez de considerarlo una hipótesis o una simple recomendación, debemos aceptarlo como la voz de Dios y detener nuestros pensamientos ante Su Palabra. Nuestros pensamientos no se detienen ni un segundo, se mueven como las agujas del reloj. No obstante, debemos poner en pausa ese reloj y pensar: ‘¡Esto es lo que Dios me quiere decir realmente!’, y debemos concentrarnos en Sus palabras y obedecerle. Entonces, comenzará la obra del Señor.

Lo que Dios realmente quiere de nosotros no es una fe perfecta. De hecho, Él nos bendice y hace que todo nos salga bien, dejando que conozcamos la gloria, aunque nos desviemos y vacilemos después de escuchar la Palabra. Así, se responsabiliza por nosotros cuando damos pasos en la confusión, recordándonos: “Yo estoy contigo”.

Hageo: Las prioridades del cristiano, Kim Seo-taek

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