Lo que define mi vida

Una mujer de 40 años, que participa del discipulado para madres, confesó que odiaba a su esposo, que lo ignoraba y lo despreciaba. “Pensaba que él era el culpable de mi enfermedad y de que no les fuera bien a mis hijos. Para mí su prudencia era cobardía, su sencillez era avaricia y su inocencia significaba ineptitud. No sé porqué pensaba así. Creo que fue porque creía que mi esposo era quien transformaría mi vida por completo, pero como no sucedió, empecé a odiarlo y a experimentar resentimiento contra él”.

Al igual que ella, muchas mujeres consideran a sus esposos un refugio e intentan encontrar en ellos la esperanza y su propia identidad. En consecuencia, cuando la esposa pierde su identidad espiritual, pasa de ser “ayuda idónea” a ser la persona que “reclama a su esposo” por depositar el éxito de su vida en él.

No obstante, para ser protagonistas de la transformación piadosa en la vida marital, debemos tener clara nuestra identidad, aquella que nos define basándonos en la relación con Dios. Esto significa que hay que descubrirse a uno mismo en la relación con el Señor. Si considera a su esposo su esperanza y refugio, terminará decepcionándose.

De hecho, la Biblia nos aclara que Dios es nuestra única esperanza: “[…] Para que vuestra fe y esperanza sean en Dios” (1 Pedro 1:21).

Para vivir cada día como “ayuda idónea” que nos llamó Dios, debemos presentarnos todos los días ante Él en oración.

Una madre feliz, una familia feliz, Han Eun-kyung

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